A lo largo de la historia el amor siempre ha sido idealizado por poetas, pintores, cantantes o artistas y hemos pensado que se trataba de una fuerza imparable dentro de nosotros, ahora veremos la parte científica que hay detrás de esa fuerza. Los principales estudios en esta materia, como los de Stephanie Ortigue (Neuropsicóloga) o Helen Fisher (Antropóloga), demuestran que en la atracción romántica o en el amor, hay tres factores determinantes o etapas que veremos en profundidad: El impulso sexual, el amor romántico y el cariño o los sentimientos de apego profundo.
El impulso sexual:
Esta es la fase en la que sentimos el impulso de atraer a otras personas y conocerlas. El impulso sexual es diferente del afecto y del amor romántico. Se inicia en el córtex cingulado anterior con la testosterona y los estrógenos, hormonas que nos aportan lujuria y atracción, es una fase que puede tener una duración de unas semanas a varios meses. Es la etapa en la que nos interesamos por conocer a alguien e intentamos cortejar a esa persona.
Instinto o necesidad biológica:
Tras años de evolución, el objetivo de toda especie ha sido la procreación y perpetuación del ADN de la especie, y por ende de encontrar una pareja para tal fin. Al tratarse de un instinto, se basa en la actuación por impulsos más que por el razonamiento. El tema de la necesidad de procreación se ha tratado extensamente antes, por lo que no me extenderé mucho más aquí.
Amor a primera vista:
Al parecer eso del amor a primera vista no es tal y como lo imaginábamos, ya que los estudios más recientes confirman que las personas se suelen enamorar de alguien que se parece a si mismo, comparte creencias, valores e intereses, tiene un nivel educativo o cultural similar o pertenece a un mismo entorno socio económico. Al parecer, hay estudios que afirman que antes de que veamos a una persona y sintamos ese enamoramiento, ya hemos elaborado el prototipo de persona de la que enamorarnos.
